7/19/’00

   Las doce y cincuenta. Solo diez minutos. Diez eternos minutos. Cerramos a la una. Quizá termine saliendo como a las dos y media o tres. Pero lo importante es cerrar… Quitarme esta corbata… despeinarme… quitarme esta camisa amarilla que cual camisa de fuerza me amarra, me restringe, me obliga a seguir directrices y me convierte en jefe… en jefe que no es sino el mas obediente y sumiso de todos los perros… la mascota leal… el fierro pitbull que duerme a los pies del amo… esta camisa que representa todo aquello que me “asqueroriza”… Diez minutos. Solo diez minutos. Diez miserables minutos que se interponen entre ser uno más y ser… yo.
 
   ¡La una!… apago el “open”… comienza el ritual de transformación. La metamorfosis. La transmutación. Este capullo amarillo y azul con corbata de Winnie the Pooh que me tubo cautivo por ocho largas horas se rompe y deja salir un “YO”… un “YO” único… diferente en toda su similitud… especial en la forma más vulgarmente posible… “¡YO!”.
 
   Faxear dos o tres papeles… dar órdenes… “¡mapea aquí!…¡limpia allá!… ¡recoge eso!… ¡Apaga las luces!… ¡el aire!”… pongo la alarma… ¡vámonos!.
 
   Cerrar la puerta. Eso es lo que falta. Pero en mi estúpida complejidad tengo que completar un último ritual. Podría voltear a llave en la cerradura… solo una vuelta y todo completo…libertad. Pero eso sería muy fácil. Si, volteo la llave… si, la puerta está cerrada. Sé que la alarma esta puesta por que oigo el “pip-pip-pip” de alerta que me dice: “¡avanza pendejo… o sueno!”. Pero en vez de cerrar y irme tengo que forcejear un rato con la puerta… no sé, un minuto o algo así. Primero la jamaqueo… luego la empujo… después la jalo… para terminar, la jamaqueo, la empujo, la jalo… es como si la puerta fuese esa amante a punto de venirse y yo doy el máximo y aguanto el máximo para darle esa celestial satisfacción… si es que puedo.
 
   No sé porque hago esto. Bueno, si lo sé. Pero no es fácil aceptar tus complejos, tus inseguridades. Pero nunca confío en lo que hago. Soy de los que le cambia una goma al carro y después esta una semana preocupado esperando que se me salga una goma o algo así.
 
   Ya digo… complejos. Todo el mundo los tiene. Yo tengo dos. ¡Tengo un complejo de grandeza increíble!… soy mejor que todos… hago todo mejor que todos… nadie sabe más que yo… nadie es más inteligente… más sabio… más brillante que yo… ¡SOY DIOS! (o algo por el estilo) o al menos yo si estoy hecho a su imagen y semejanza… ¡soy perfecto! No digo, tengo un complejo de grandeza increíble. Un complejo de grandeza que solo es superado por mi complejo de inferioridad.
                                                                                                                                                                           7/19/’00
                                                                                                                                                                                        Rodrigo
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Acerca de sincalma

Tengo una boca y la se usar lo se por que se mentir...
Esta entrada fue publicada en "Dandole una oportunida al cuero o La necesidad se adueña del poeta", 2000, desvarios. Guarda el enlace permanente.

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