9/4/’12

Ok. La cuestión es que no me gustan las tangas, los g-string. Prefiero verle en pantis “normales”, de esos de algodón con algún coqueto lacito. Las tangas estaban muy bien cuando aun ni cumplía veinte. Cuando la noviecita se los ponía por que, pensaba erróneamente que te gustaría mirarla un rato cuando uno solo quería tener la pinga dentro de ella. Donde sea dentro de ella. Y ahora que lo pienso y miro al pasado con el beneficio de la sobriedad, fue para esa misma época en que a ellas les dio con que era “sexy” tener eso ahí sin un jodío pelo, como un bebe. No me gustan los bebes.
 
“¿quedan cervezas?”
“no”
“¿whiskey?”
“no”
 
No se ni para que pregunto. Nunca quedan cervezas en la mañana. Nunca queda whiskey en la mañana. Botellas vacías. Copas rotas. Supongo que debe de haber ahí una analogía para con mi vida.
 
“¿Por qué no te enrolas el desayuno?”
Ni se limpio las lagañas. Se levantó como el Undertaker, así, con algo de trabajo. Pero quedó sentada casi de un tirón. Como un vampiro con un disco herniado. Y ahí, sentada junto a mí, enroló el desayuno. Quizá lo único que comamos hoy. No tengo ( no tenemos) mucho dinero para hoy. Ayer si. Supongo que debimos de cogerlo suave con el perico. Supongo que hoy también deberíamos de cogerlo suave con el perico. Supongo también, que podemos estar un día sin comer. Es martes. Los martes son buen día para estar en ayuna.
 
Nos fumamos el desayuno en la cama. A la segunda cachá pensé que me quedaría en la cama todo el día, pero no puedo. Se acabó el alcohol. Y de drogas solo queda lo que esta cabrona al parecer quiere matar de un puff.
“¡cogelo suave mija… y pásalo!”
Solo sonrió y le dio otro mega puff al blunt. Hijaeputa.
 
Se levantó para ir al baño. Trixie se levantó. Se llamaba Beatriz. Trixie se llamaba Beatriz. Le dio mucho trabajo salir de la cama. Pero una vez sus piecitos tocaron el piso corrió al baño. Dejo la puerta abierta y estuvo meando por lo que parece fue toda una canción de Tom Waits. Ol’ 55. La primera del primer disco de Tom. Tres minutos y cincuenta y siete segundos. Tres minutos y cincuenta y siete segundos meando con la puerta abierta. Como dice Janice: “la mucha confianza da asco”.
 
Al regresar del baño se puso a buscar algo en su cartera. De seguro lo encontrará. Es experta haciendo desaparecer cocaína. Para encontrarla, por casualidad luego. Siempre encontraba algo. Siempre.
 
“me debes unos pantis. Esos eran mis favoritos”.
Me hice el que no la escuché y le di una última jalá a la changa mientras la miraba ahí de espaldas a mí. Y ahí, de espaldas a mi, note que traía en la espalda mi firma. Una, dos, cuatro… siete gotas de leche seca. Casi todas concentradas en el área de la rabadilla. Y una gran gota cerca del hombro derecho. Una gran gota con sus respectivas gotitas, formando una línea de muertos en fila india. Mis muertos. Supongo que si me vuelve a pasar por la cabeza la idea de matarla, debo de usar condón.
 
¿Dónde habré dejado la cuchilla?.
                                                                                                                           9/4/’12
                                                                                                                           Rodrigo
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Acerca de sincalma

Tengo una boca y la se usar lo se por que se mentir...
Esta entrada fue publicada en "Comebebechingavive", 2012, desvarios. Guarda el enlace permanente.

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